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Desarrollo Industrial
Por Diego Coatz y Sergio Woyecheszen, en P12
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Sostener la demanda
01/02/2013 | En la última década, Argentina dejó atrás veinticinco años de neoliberalismo caracterizados por ausencia de crecimiento, aumento de desocupación y pobreza. Los autores responden qué es lo que falta para seguir creciendo con inclusión social.

Durante los últimos dos lustros la economía argentina ha evidenciado una serie de avances que, en mayor o menor medida, han ido revirtiendo vestigios de una realidad sumamente compleja signada por el deterioro de capacidades sociales y productivas más profundo del que se tenga memoria. Entre mediados de 1970 y fines de 2001, el PBI per cápita prácticamente no creció (0,2 por ciento anual promedio). El PBI industrial cayó más del 40 por ciento, el desempleo subió del 4,7 al 22 por ciento, la distribución del ingreso se deterioró sistemáticamente (el ratio entre el diez por ciento más rico y el más pobre se amplió de 8 a 33 veces) y la incidencia de la pobreza saltó del 5 al 57 por ciento de la población. Lo más doloroso: se alcanzó un pico de indigencia cercano al 25 por ciento.

El solo hecho de haber quebrado aquellas tendencias es uno de los cambios estructurales más relevantes de la etapa actual. Y no se trató solamente del aprovechamiento del contexto internacional, sino también de una clara orientación política tendiente a recrear una dialéctica virtuosa entre demanda efectiva, desarrollo productivo y distribución. Hoy tenemos el doble de industria de lo que teníamos diez años atrás. Tuvimos un crecimiento cercano al 50 por ciento en la productividad y del 70 por ciento en los niveles de empleo. Esta es una tríada inédita para nuestro país, al menos desde principios de la década de 1970. La dinámica ha mostrado asimismo una modernización fabril a partir de crecimiento sostenido de la inversión hasta el año 2011, junto a la reactivación de actividades que estaban al borde de la extinción.

Perdura sin embargo una serie de desafíos de más largo alcance, cuya raíz está asociada a problemáticas que van desde la disponibilidad de divisas para sostener un crecimiento elevado y la dinámica de precios hasta la tensión distributiva y la informalidad laboral.

En un trabajo reciente que elaboramos junto a Fernando García Díaz –“El rompecabezas productivo argentino”– indagamos sobre estas cuestiones. Las dinámicas de mayor complejidad se concentran en dos grupos de sectores. El primero abarca ramas productoras de materias primas exportables con escaso valor agregado, como la minería metalífera y, en menor medida, la producción de granos, el cultivo de frutas, la pesca y la silvicultura. El segundo, por una gama de sectores manufactureros con alta proporción de insumos importados, particularmente hacia dentro de la metalmecánica, el sector automotor, autopartes y la industria de ensamblado de partes (electrónica, electrodomésticos).

En muchos casos la desarticulación ha sido y es muy fuerte. La industria autopartista, por ejemplo, pasó de generar 169 puestos de trabajo indirectos cada 100 directos a mediados de la década de 1970 a 112 en 1984 y 79 en 1997, nivel que no se ha podido recuperar incluso después de todos estos años de expansión de la producción. La inversión en equipos, que llegó a ser más del 70 por ciento de origen nacional a principios de los años setenta, hoy proviene en casi un 80 por ciento del exterior. Menos articulación productiva explica un déficit comercial en manufacturas de origen industrial de 32 mil millones de dólares y también una menor capacidad de absorber empleo, aspecto clave de cara a reducir una informalidad laboral que aún afecta a un tercio de los asalariados.

Ante esta situación compleja, un principio de respuesta implica definiciones en materia macroeconómica (sostener una demanda pujante con incentivos comerciales, financieros y tributarios para sectores productivos clave para reducir la restricción externa), institucional (infraestructura, innovación, educación) y estructura productiva, mediante el desarrollo de actividades que reduzcan gradualmente las brechas entre regiones, la generación y difusión de innovaciones y el desarrollo de complementariedades productivas. Sostener y ampliar el sentido estratégico, como en el caso del plan industrial a nivel nacional o el de la provincia de Buenos Aires, donde no sólo se concentra el 50 por ciento del valor agregado industrial y más del 40 por ciento del empleo, sino también la mitad del déficit de manufacturas de origen industrial.

Existe una brecha considerable entre la Argentina actual y su potencial en materia industrial, pero también es necesario elevar la calidad del debate, trabajar en una mirada constructiva hacia el futuro, partiendo de reconocer la importancia de los avances registrados y entendiendo que resta mucho camino por recorrer para cambiar estructuralmente la matriz productiva y distributiva argentina.

* Economista jefe. Ceuuia. Secretario, SIDbaires.

** Subsecretario de Industria, Comercio y Minería. Ministerio de Producción, Ciencia y Tecnología de la Provincia de Buenos Aires. Coordinador del Dto. de Trabajo y Empleo SIDbaires.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-212735-2013-01-28.html

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Mario Gerard (02/02/2013 | 17:44 hs)
Ustedes tienen profundizado e intelectualmente conceptualizado los procesos político-económicos a seguir para lograr el necesario desarrollo de la Argentina. Pero permitan que planteé mis profundas dudas a este respecto, en aquellos que son dominantes en las organizaciones para las cuales ustedes operan profesionalmente en estos momentos. A esas cúpulas, no me parece que le interese avanzar hacia la estrategia que ustedes plantean, más allá de algunos parches y con algunas excepciones. Esto lo observo específicamente en la Gobernación de la Pcia. de Buenos Aires, es visible el interés de Scioli por ser ejecutor de frenos y diferenciación innecesaria (señales hacia el poder real) a la gestión Presidencial, en su intento de instalar las bases para el desarrollo. No observo la "invasión" de Industriales emprendedores en los medios de comunicación, interesados por influir ante la opinión pública y aprovechar una situación tantas veces vedadas, construyendo poder para imponer estratégicamente en la arena política su condición de burguesía industrial, emprendedora e innovadora, de la cual Schumpeter hablaba. Para que el Desarrollo sea posible, entiendo, es necesaria la aparición con adecuada densidad de una clase dirigente y política virtuosa, formada y culta (no afectada por el síndrome de alienación individualista y de figuración innecesaria), que esté dispuesta a confrontar inteligentemente con la estructura del poder real dominante. Espero que "vengan marchando"; a mi juicio percibo demasiada mediocridad e individualismo alienante en ejercicio, como para que prospere una propuesta que requiere una sociedad integrada (basada en la integración de sus dirigentes ). Entiendo que ustedes están en camino, alcanza mi mirada a varias personas con las cuales compartí el seminario SIDBAIRES sobre DESARROLLO del año anterior, con las cuales se debilitó el vínculo por debilidad de ambas partes. Apelando al sentido crítico me parece que con esto no alcanza, es necesario un fuerte cambio cultural, que debilité la aceptación casi inconciente, diría exagerando casi subliminal, que una parte importante de los sectores no marginados de la Sociedad Argentina aún tienen de este inhumano capitalismo neoliberal financiarizado (que intenta volver a reposicionarse con nuevas estrategias excluyentes) instalado por la restauración conservadora de los 70. Además una mayor integración estratégica con otras organizaciones que con las cuales se tenga algún objetivo relevante en común, más allá de las diferencias. Cordialmente. Mario Gerard.

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