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Relaciones Internacionales
Por Leonardo Pataccini
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Mucho más que una crisis, mucho menos que inexorable
30/05/2013 | La crisis europea parece interminable y a pesar de los rigurosos planes de ajuste que se han implementado, el panorama no parece que vaya a mejorar pronto. La pregunta que surge, entonces, es: ¿Realmente se está haciendo todo lo posible para reactivar a las economías afectadas por la recesión, o hay alguna otra explicación para la prolongación de esta agonía?

Auge, recesión, depresión y recuperación. Para la teoría clásica, las crisis son una parte intrínseca e inevitable de los ciclos económicos. Estos ciclos están constituidos por las cuatro fases, que se suceden de manera sistemática y cuya dinámica es autónoma. En otras palabras, son los propios tiempos de la actividad económica, como un sistema autorregulado, los que marcan la duración de las distintas fases del ciclo. Sin embargo, siguiendo esta misma lógica, la sensación que deja la recesión en los países de la Unión Europea es que ya viene siendo muy larga. Demasiado larga, de hecho. Si vemos las estadísticas económicas observamos que desde 2008 ninguno de ellos ha logrado estabilizarse y, lejos de mejorar, la situación empeora. Incluso economías que inicialmente habían logrado capear el temporal con cierto éxito, ahora se encuentran en recesión. Tal es el caso de Francia, Finlandia u Holanda. Por supuesto, a ellos debemos añadir las crisis ya eternas de España, Grecia y Portugal… Y paradójicamente, en el centro de toda esta debacle nos encontramos con la tan mentada austeridad que imponen Alemania y la Comisión Europea. ¿Realmente es una medida efectiva para reactivar la economía? ¿Los países que la aplicaron obtuvieron resultados positivos? La respuesta a estas preguntas es “no”. Entonces, ¿Por qué la siguen recetando si no mejora los signos vitales de las economías enfermas? La respuesta a esta otra pregunta es que, en nuestra opinión, no es ese el motivo por el cual la aplican, sino otro muy distinto.
Llegado este punto de la evolución de la crisis, todo indica que esto ya es otra cosa. No se trata simplemente de paquetes de política económica pensados para revitalizar el producto de las economías nacionales afectadas por la recesión. Por el contrario, creemos que esta crisis está siendo prolongada de manera deliberada y artificial más allá de lo que hubiera durado en otras circunstancias y las políticas de austeridad solo sirven para prolongar esta agonía. ¿Es que acaso quienes las dictan no lo saben? Por supuesto que sí y justamente por ello las aplican.
El objetivo de esas políticas, así como el de la prolongación de la crisis, es disciplinar a la ciudadanía europea en la ética del neoliberalismo. Esta crisis se está utilizando para doblegar las voluntades de los ciudadanos y los gobiernos europeos que todavía no se han rendido a la supremacía del mercado sobre el Estado. La lógica es simple: en el marco de una crisis extraordinaria, uno estaría dispuesto a aceptar condiciones y medidas que serían impensables en otras circunstancias. Así, el principal objetivo de la prolongación de la crisis es destruir los vestigios que han quedado en pie del estado de bienestar. Solo en ese contexto se puede entender que se estén aplicando sistemáticamente medidas que lo único que consiguen es profundizar aún más la gravedad de la crisis. Y en este esquema, su complemento perfecto son los rescates financieros: estos no fueron otorgados para subsanar los efectos de la crisis, sino para emprender reformas estructurales de los estados que los reciben. Sólo así se puede explicar que estos países sean los que exhiban los peores desempeños de todo el continente y que, mientras más ayuda reciben, peores resultados obtienen.
Pero por supuesto, esto no sólo se limita al Estado y la ciudadanía. Esos mismos ciudadanos son también fuerza de trabajo, que ante la amenaza inminente de la desocupación (o sufriendo su crudeza) se encuentran mucho más dispuestos a aceptar la flexibilización de sus condiciones de empleo, la reducción de sus remuneraciones y el recorte de sus derechos. La mejor ratificación de este argumento es que vemos como en todos los países europeos desde 2008 se están aplicando paquetes de flexibilidad laboral, se reducen los salarios mínimos y se debilitan los sindicatos como interlocutores de los trabajadores.
Desde hace varios años, vemos cómo la hoja de ruta de la economía europea está siendo trazada por líderes de abierta orientación conservadora. ¿Cuál es su objetivo? En gran medida, estratégica; ya que consideran que esta es la mejor manera de oponerse al ascenso de China como primera potencia mundial. Flexibilizar las condiciones de trabajo en Europa hará que sus productos puedan competir con los chinos. Además, sólo en ese marco se pueden comprender las negociaciones que buscan sellar acuerdos de integración económica (Tratados de Libre Comercio) con los EE.UU. en tiempo record. En un era de transición, las potencias occidentales declinantes están cerrando filas para conservar su hegemonía en la economía global frente al avance voraz del gigante asiático.
En síntesis, no se trata de desenmascarar teorías conspirativas ni planes maquiavélicos. Simplemente, el interés pasa por limitarse a ver la realidad para entender la racionalidad que la precede. El mundo se encuentra transitando una gran disputa por la hegemonía global y, en ese contexto, los representantes del poder tradicional están dispuestos a aplicar todos los recursos que tienen a su alcance para no capitular, incluyendo los altísimos costos sociales de la recesión. Dicho de manera más llana, lo que están experimentando las economías europeas es mucho más que una crisis y sus dramáticos efectos son mucho menos que inexorables.

Leonardo Pataccini, Docente Universitario (UBA/ UNLZ). Miembro del Capítulo Buenos Aires de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (www.sidbaires.org.ar).

Comentarios | Ver Comentarios (1) Deje su comentario

alberto (30/05/2013 | 14:19 hs)
No comparto para nada los conceptos vertidos en la nota. Si bien es cierto algunos países europeos no están pasando por su mejor momento, no estos de acuerdo con la definición de que se pretende dominar a la población por el neoliberalismo. Mantienen además la voluntad de buscar trabajo, por eso la desocupación es tan alta. La gente quiere trabajar y no le importa de que. Acá con las políticas menemistas y kirchneristas se ha dominado a la población, fundamentalmente a la de bajos recursos, con la cultura de que se puede vivir igual trabajando que no haciéndolo. LAMENTABLE, disculpe

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