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Daniel Schteingart, en Página 12
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Pocos cambios estructurales
11/07/2013 | Entre 2003 y 2012 la participación de los productos primarios dentro de las exportaciones cayó del 73 al 69 por ciento, constituyéndose en una excepción regional. Cuáles fueron las causas, qué problemas se enfrentan en la actualidad y qué perspectivas se abren para el futuro.

Durante la última década tuvo lugar un cambio en los precios relativos a nivel mundial entre los bienes manufacturados (BM) y los productos primarios (PP), a favor de estos últimos. El acelerado crecimiento de China e India implicó una mayor demanda de PP, lo cual derivó en un alza de sus cotizaciones. En consecuencia, el flujo mundial de mercancías tendió a primarizarse. Por ejemplo, si en 2002 los PP representaban el 24 por ciento del total intercambiado mundial, en 2012 pasaron a componer el 35 por ciento. La contrapartida fue una menor relevancia de los BM, que cayeron del 76 al 65 por ciento. En América latina este proceso se dio con una mayor magnitud: los PP pasaron del 41 al 58 por ciento del total exportado, con la consiguiente caída de la participación de los BM. En este contexto, la trayectoria argentina ha sido considerada por diversos analistas como una excepción regional, ya que a primera vista su canasta exportable es más compleja que la observada diez años atrás. Si bien es cierto que entre 2003 y 2012 la participación de los PP cayó del 73 al 69 por ciento, hay que tomar en cuenta varios factores que matizan dicha afirmación:

En primer lugar, en relación con el año de comparación: en el período 1996-2012, el año 2003 fue el de las exportaciones más primarizadas. El último año de crecimiento de la convertibilidad (1998) presentó niveles de primarización menores a los de 2012 (65 contra 69 por ciento), lo cual muestra que no se logró complejizar la canasta exportable respecto del mejor momento de la convertibilidad. Si nos enfocamos en la posconvertibilidad, veremos que el crecimiento de la participación de los BM se dio entre 2003 y 2006, para luego estancarse y, en los últimos años, dar lugar a una incipiente reprimarización.

Si se descomponen los BM según su contenido tecnológico (esto es, bajo –textiles, calzado, indumentaria o muebles–, medio –autos, tubos de acero sin costura, productos químicos, bienes de capital– y alto –medicamentos, electrónica o aviones–) veremos que los patrones de especialización heredados de los ’90 se han mantenido prácticamente intactos. Fueron la rama automotriz, junto con la química y farmacéutica –todas ganadoras en los ’90– las que lideraron el proceso de crecimiento de las exportaciones industriales en los últimos años, en tanto que rubros importantes para la generación de capacidades tecnológicas locales como el de bienes de capital tan sólo pudieron expandirse entre 2003 y 2008 y, desde entonces, sus ventas externas se han estancado.

Cabe agregar que la industria automotriz –la más importante dentro de nuestras exportaciones de BM– posee reducidos niveles de valor agregado local (tan sólo el 30 por ciento) y escasos esfuerzos de investigación y desarrollo (I+D). A diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados, sus ligazones con el resto del aparato productivo son menos virtuosas, tanto en términos de creación de empleo indirecto, como del derrame de conocimientos tecnológicos o de ahorro de divisas.

Es necesario considerar la situación en el sector energético, que vio reducir sus cantidades exportadas en un 75 por ciento en la última década. En tanto los combustibles son PP, de haberse mantenido constantes dichas cantidades (en un contexto de fuerte aumento de los precios de exportación de este tipo de bienes), las ventas externas argentinas seguramente se habrían primarizado más.

La ausencia de un cambio significativo en el perfil exportador de nuestro país se debe a la insuficiencia de las políticas industriales aplicadas en la posconvertibilidad, que no lograron generar una mayor transformación de la estructura productiva heredada tras 25 años de desindustrialización. La sofisticación de las exportaciones, si está acompañada de un mayor valor agregado local y de crecientes gastos en I+D también locales, es una clara señal de desarrollo económico, en tanto implica la creación de puestos de trabajo de mayor calificación, y con mayores niveles salariales, lo cual redunda en una mejor calidad de vida para la sociedad. Asimismo, una mayor primarización de las exportaciones puede no ser una mala noticia si se incorpora I+D a los recursos naturales, como ocurre en países como Canadá o Australia. Para todo ello, se vuelve necesario minimizar la volatilidad del tipo de cambio real, junto con la implementación de más y mejores políticas industriales. Para lograrlo, será crucial una mayor coherencia y coordinación entre las distintas dependencias estatales (ministerios de Industria, Ciencia y Tecnología, y Economía, INTI, INTA, banca pública e instituciones provinciales y municipales), que deberán nutrirse de un mayor número de cuadros técnicos con autonomía de las presiones corporativas, pero a la vez con voluntad industrialista y diálogo con el sector privado.

* Sociólogo, miembro de SIDBaires y becario Conicet en Idaes/Unsam.
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-223945-2013-07-08.html

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