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Género y Diversidad
Nerina Zanoni, en Escuela de Psicología Social del Sur
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El dispositivo grupal contra la violencia de género
01/08/2013 | Nerina Zanoni indaga en el rol de los grupos sociales en la prevención y el tratamiento de la violencia de género. La víctima de violencia necesita un medio social que la contenga y le permita descubrir nuevas formas de estar, sentir y pensar en el mundo; un espacio que le proponga nuevos caminos para andar y desandar. Erradicar el círculo de la violencia y sostener el círculo de la vida.

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“La violencia contra las mujeres es la manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre los hombres y las mujeres, que han llevado a la dominación y a la discriminación contra las mujeres hecha por los hombres y a la evitación del completo avance de las mujeres” (Resolución Asamblea de ONU, diciembre de 1993)

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La OMS señala que la violencia de género alcanzó proporciones epidémicas, y sin embargo, aún no existen registros y estadísticas precisas que den cuenta de los números detrás de esa violencia. Las cifras crecen, invisibles, en muchos espacios de la sociedad. Por eso, es preciso destacar las manos que trabajan en la prevención y tratamiento de la violencia de género, aquellas que ayudan a visibilizar esta realidad dolorosa que viven muchas hijas del patriarcado.

No es menos llamativo que cuando hablamos de “violencia de género” lo asociemos automáticamente con la violencia ejercida sobre las mujeres. Incluso cuando el término nos habla respecto de la violencia ejercida sobre cualquier persona debido a su sexo o género, nada indicaría que es estrictamente violencia sobre la mujer. Son entonces los números invisibles los que ponen de manifiesto algo que todos saben, pero pocos hablan.

La violencia ejercida sobre las mujeres es mayor que la ejercida sobre los hombres. En tanto, de la mano de muchos actores sociales dedicados a la erradicación de todo tipo de violencia contra la mujer, los datos y estadísticas comienzan a aparecer, la violencia contra la mujer comienza a ponerse en palabras posibilitando una de-construcción y nueva construcción sobre la gravedad y existencia de una problemática a la que es preciso nombrar y desnaturalizar para trazar líneas de acción y elaboración.

La violencia de género es un problema social y político que requiere de un tratamiento integral por parte del Estado. En esa lucha hacia un cambio, muchos organismos trabajan para instalar nuevos dispositivos sociales y mitigar los efectos de la violencia contra la mujer.

SECUELAS PSICOSOCIALES DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER

Las secuelas de la violencia de género son muchas y variadas. Y van desde el plano físico al plano psicológico, impactando severamente en la vida cotidiana de cada una de estas mujeres y de sus familias. En ese sentido, un enfoque novedoso propone abordar las secuelas psico-sociales que sufren las víctimas. Entre ellas, se pueden mencionar:

Deterioro de lazos vinculares.
Sentimiento de vergüenza y culpabilidad, que devienen en alienación social obstruyendo la posibilidad de vínculos con los otros sociales.
Ruptura del tejido social de la víctima, que impide el desarrollo de lazos sociales y una red de contención.
Vivencia de discriminación y autodiscriminación social.
Reproducción de estilos conductuales violentos.
Prácticas sociales nulas, que devienen en un empobrecimiento general, en dificultades para acceder a fuentes laborales y auto sostenerse económicamente sin depender del victimario u otros.
Marginación y exclusión social.


Estas son sólo algunas de las secuelas psico-sociales que enfrentan las víctimas de violencia de género, y para las cuales, la psicología social puede aportar herramientas novedosas en su prevención y tratamiento.

El trabajo en círculo y la implementación de la técnica del grupo operativo brinda soluciones dinámicas, operativas y direccionadas hacia una re-interpretación y adaptación de la realidad en busca de la transformación de conductas y la reparación de la trama vincular y red social que contenga a las víctimas.

CÍRCULO DE CUIDADO Y SOSTÉN

Socialmente y desde el principio de los tiempos, reunirse en círculo ha sido sinónimo de relacionarse, fraternizar y aunar fuerzas con los otros. Desde los círculos, la humanidad se ha puesto a sopesar diferencias, analizar y elaborar posibles soluciones y generar líneas de acción. El círculo posibilita visualizar a todos los que lo conforman, permite la circulación de efectos y afectos en el espacio, facilita el análisis de las problemáticas comunes y cotidianas y habilita la salida del anonimato hacia la construcción de un nombre propio y una designación de la problemática que se desea tratar. Así, el círculo se convierte en un punto de partida para la elaboración y adaptación activa a la realidad.

Cada integrante de un círculo se ubica a igual distancia del centro, lo que permite una vivencia de igualdad frente al centro o tarea que convoca. En este caso particular, el círculo se construye como espacio-tiempo en el tratamiento y la solución de la violencia y sus secuelas.

El círculo remite a un símbolo que envuelve, contiene y protege, puede pensarse como un útero social que aloja y brinda una posibilidad de desarrollo y gestación de nuevas oportunidades de existencia: una nueva posibilidad de “parirse a uno mismo” con renovadas improntas subjetivas.

El círculo también puede referirse a un círculo vicioso como lo es el círculo de la violencia. En ese sentido, desde el análisis de los estilos de comunicación y vinculación, permite trazar soluciones a conductas estereotipadas -que obstruyen una posibilidad saludable para las victimas- al romper con el aspecto “vicioso” e instalar una “vuelta de espiral” como salida exogámica de la situación de clausura y sufrimiento.

El GRUPO OPERATIVO Y SU EFECTIVIDAD

El Grupo operativo (G.O) es el nombre de la técnica creada por Enrique Pichón Rivière, para pensar al grupo como un instrumento válido en el campo de la salud. El instrumento permite una re-elaboración activa de la realidad y promueve una adaptación saludable a la misma.

La mayor utilización de esta técnica se ha dado en espacios de aprendizaje; en ese marco, es posible pensar el tratamiento de las secuelas psico-sociales de la violencia como un espacio de aprendizaje, ya que busca re-aprender estilos de comunicación, reparar vínculos y redes sociales, transformar conductas y aprender otras. El G.O. impulsa tareas de aprendizaje y de producciones colectivas del saber en las que cada aporte es significativo. Es un espacio terapéutico que se centra en la tarea y no en el individuo, en el que cada integrante puede desdramatizar el sufrimiento y descubrir junto a otros la potencia grupal y su posibilidad superadora.

Generalmente, los espacios grupales terapéuticos que se ofrecen para el tratamiento de las secuelas de la violencia de género desarrollan un enfoque centrado en el individuo; es decir, proponen un abordaje individual en un espacio grupal. La elaboración desde la técnica del G.O., en cambio, plantea realizar un abordaje grupal y conjunto sobre una tarea concreta que tiene que ver con las secuelas psico-sociales de la violencia contra la mujer. De este modo, desde un espacio grupal, esta técnica brinda a sus integrantes la posibilidad de descentrarse y desarrollar una distancia operativa con la problemática: sacar el dolor, la soledad y la tristeza para elaborarlas en forma conjunta y socializadora, e incorporar nuevos elementos al mundo interno de cada quién, que se conviertan en herramientas adquiridas y habilitadoras para enfrentar la situación violenta y sus secuelas.

El “centro” es el espacio para elaborar y superar las secuelas de la violencia, para re-conectar eficazmente el mundo interno con el mundo externo. El grupo es el escenario donde “ensayar” nuevos estilos vinculares, que luego puedan reproducirse en un contexto social por fuera del círculo. Y es también la escena que habilita la reparación vincular y el re-anudamiento de las relaciones personales.

La víctima de violencia necesita un medio social que la contenga y le permita descubrir nuevas formas de estar, sentir y pensar en el mundo; un espacio que le proponga nuevos caminos para andar y desandar. Y esos caminos no son solitarios e individuales. Son caminos junto a otros actores sociales que le devuelven potencia y autovaloración personal: espejos de la problemática y espejos de la solución al mismo tiempo.

Como disciplina, la psicología social afirma que el “saber” está en el grupo. Y la técnica del grupo operativo vehiculiza la emergencia de ese saber colectivo que pude transformar la vida de quienes son víctimas de la violencia de género. O que la vida es igual que un círculo y puede reinventarse en cualquiera de los puntos.

Nerina Zanoni es psicóloga Social, integrante del Departamento de Género y Diversidad de SIDbaires y Coordinadora en la Escuela de Psicología Social del Sur.
Fuente: http://gladysadamson.blogspot.com.ar/2013/07/el-dispositivo-grupal-en-la-prevencion.html?spref=fb

Comentarios | Ver Comentarios (1) Deje su comentario

Nora Broda (03/08/2013 | 15:05 hs)
Soy preventora en violencia de género y coincido plenamente en lo expresado en el artículo de Nerina. Se necesita más que nunca multiplicar espacios donde las víctimas de la violencia sean acompañadas en la multiplicidad de problemáticas que quedan como secuela del abuso de poder ejercido sobre ellas. Tambien como psicóloga social, considero al grupo operativo como una herramienta eficaz para que las víctimas descubran, por ellas mismas, nuevas formas de pensar, sentir y accionar. Mi anhelo es que en cada vecindario puedan abrirse estos "círculos", de cuidado, sostén, empoderamiento personal y tranformación vincular y social. Una utopía?

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