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Comunicación y Opinión Pública
Benito Gorgonio De Miguel, en Tiempo Argentino
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La idea de nación en Rogelio Frigerio
11/11/2014 | Está presente en el promotor del desarrollismo la obsesión por la independencia y el rango de la Argentina en términos de nación. Para ser independientes es necesario poseer una política exterior de esas características, un ejecutivo fuerte que la realice y un jefe de Estado legítimo en el marco de principios como el de No Intervención y el de Autodeterminación.

El pasado 2 de noviembre se cumplieron cien años del natalicio de Rogelio Frigerio, una figura política e intelectual tan sobresaliente como polémica, insoslayablemente asociada al "desarrollismo" y al Movimiento de Integración y Desarrollo (MID), partido político del cual fuera protagonista junto al ex presidente Arturo Frondizi.

En ocasión de este acontecimiento, Frigerio ha sido objeto de diversos homenajes que honraron su contribución al pensamiento nacional y a una praxis política orientada a la superación de nuestra condición de país subdesarrollado y desintegrado.

No es mi intención aquí realizar un homenaje propio, ya lo he realizado; tampoco referirme a la consternación que me produce que personajes como Elisa Carrió o Gabriela Michetti hayan tenido a su cargo la valorización de la figura de Frigerio, cuya ideología económica y política no podría ser más antagónica. Después de todo, con Rogelio Frigerio en particular, pasa algo similar (aunque en menor escala y con menor consenso) que con Arturo Frondizi y el desarrollismo, en general. Me refiero a la reapropiación de su legado y a la actualización de sus enseñanzas. Y eso debe ser bienvenido, aún cuando se corra el riesgo de su grave tergiversación y malversación. Ese riesgo es en parte responsabilidad del vacío que dejamos quienes defendemos otro desarrollismo de Frondizi y Frigerio.

Sin perjuicio de lo anterior, me parece fundamental señalar una idea central de la concepción política e ideológica de Frigerio, sin la cual es imposible abordar un análisis crítico de su obra teórica y práctica, incluso para determinar en qué medida fue él mismo consecuente con ella: su idea de nación.

Frigerio experimentó un sentimiento de identidad personal con la nación que definió y moldeó absolutamente su personalidad. Tuvo una concepción muy moderna de la nación, en el centro de la cual hay una idea determinada de lo que representa la Argentina: nuestra nación abarcó muchas generaciones, hoy incluye muchas y contará con muchas más. Sin embargo, por la geografía del país que la sustenta, por el genio de las etnias que la componen, por el vecindario que la rodea, adquiere un carácter constante que hace a los argentinos de distintas épocas depender de sus padres y, a la vez, los compromete con sus descendientes. Este conjunto humano, en este territorio, en el seno de este universo, conlleva un pasado, un presente y un porvenir indisolubles. Por ello el Estado, que responde por la Argentina, está a cargo a la vez de su herencia de ayer, sus intereses de hoy y sus esperanzas de mañana. Este Estado debe conducir la construcción de la nación y para ello debe tener conciencia de su propia existencia y afirmarla.

Está presente siempre en Frigerio la obsesión por la independencia y el rango de la Argentina: en términos de nación, todo se acomoda y articula con esa doble preocupación. Para ser independientes es necesario poseer una política exterior de esas características, un ejecutivo fuerte que la realice, un jefe de Estado legítimo en el marco de principios como el de No Intervención y el de Autodeterminación. En cuanto al rango de la Argentina, supone una economía sólida y moderna, capacidad militar defensiva y disuasiva y un pueblo con vocación de grandeza. La nación es la piedra angular de todo el edificio político de Frigerio, se trate de independencia o de rango, y cada uno de sus actos de fondo como Estadista tiene esa impronta.

La condición nacional es vista como una categoría que hay que merecer, nunca un derecho adquirido sino a ganar en la prueba y el sacrificio, siendo fieles a la continuidad histórica e inconmovibles en la forja del porvenir. Por ello no hace distinciones entre los grandes de la Argentina, sólo importa su contribución al tejido de la urdimbre nacional: San Martín, Rosas, Roca, Pellegrini, Yrigoyen, Perón, son grandes hitos en el camino de construcción de la nación, sin siquiera considerar matices ideológicos o características personales. Malraux decía que “el espíritu da la idea de una nación, pero lo que constituye su fuerza sentimental es parte de un sueño”. Cierto, pero ¿qué sueño proponerle a una democracia y en paz? A Charles De Gaulle, por ejemplo, nunca le repugnó encontrarle virtudes a la guerra, sobretodo desde la perspectiva de la fecundidad del sufrimiento. Aquí Frigerio, a mi juicio, saca ventajas: nos propuso trabajar para la integración de la nación a través del desarrollo de sus fuerzas productivas materiales y espirituales, en el marco del amor a la nación y fuera de los horrores del nacionalismo patológico, sin conquistas y en colaboración con las naciones de buena voluntad. Con lo que hizo, a la vez, un extraordinario empalme con la ideología y acción de San Martín y fortaleció la mejor continuidad, ésa que es clave del compromiso entre las raíces y la voluntad.

*Consejero por Latinoamérica en el Concejo Mundial de Gobierno de la Sociedad Internacional para el Desarrollo.
Fuente: http://tiempo.infonews.com/nota/137485/la-idea-de-nacion-en-rogelio-frigerio

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