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Sistema Financiero
Andrea Pietrobuono, en P12
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¿Qué estrategia financiera necesita el desarrollo?
29/03/2015 | Con el año electoral en marcha, es menester instalar en la agenda de debate la necesidad de continuar trabajando en el diseño de políticas clave para encauzar un proceso de desarrollo económico de largo plazo. ¿Alcanza con una macroeconomía estable para dar respuesta? ¿Necesitamos un Banco Central activo que reoriente el crédito hacia el financiamiento productivo? ¿Es necesaria una banca pública que actúe como grupo estratégico? ¿Deberíamos contar con un banco de desarrollo propio o con perfil latinoamericano para financiar proyectos estratégicos?

Luego de la grave crisis bancaria del año 2001, el sistema financiero se encuentra actualmente en un proceso de normalización como consecuencia de la solución en la reprogramación de los depósitos, el canje de la deuda pública, el vigoroso crecimiento de los depósitos y préstamos, la sustancial disminución en la irregularidad de las carteras bancarias, el fin de las pérdidas operativas para la mayoría de las entidades, el proceso de capitalización tanto de bancos públicos como privados y las mejoras en términos de eficiencia y rentabilidad. Ello se evidenció en un crecimiento de la profundidad financiera, que pasó del 7,2 por ciento del PBI en 2004 al 14,3 por ciento en 2013 explicado por los “altos depósitos que apalancaron el crecimiento del sistema”.

Sin embargo, muchos desafíos continúan pendientes en la materia, en especial si tenemos en cuenta que el grado de profundidad del sistema aún es bajo cuando se lo compara con algunos países de Latinoamérica y países desarrollados y de que existen algunas características estructurales que limitan fuertemente su desarrollo. Tales son el reducido plazo del fondeo, la propensión estructural a la dolarización por fuera del sistema, la magnitud de la economía informal y la tendencia estructural al financiamiento del consumo por sobre las actividades productivas.

Por lo tanto, no alcanza sólo con avanzar en la coordinación de los instrumentos de política –monetaria, cambiaria, comercial, fiscal, ingresos– con el objeto de garantizar la estabilidad de las variables fundamentales de la economía y la acumulación de capital reproductivo. Es necesario profundizar la estrategia de una política financiera integral.

Es necesario planificar nuevas políticas de oferta, que corrijan gradualmente los desequilibrios estructurales. Mucho camino puede recorrerse profundizando la intervención activa del BCRA en la intermediación financiera doméstica, agudizando su incidencia en la definición de las condiciones de crédito generales (plazos, tasas de interés y otros cargos) y el direccionamiento del financiamiento hacia actividades productivas consideradas prioritarias. Es con este espíritu que, por ejemplo, en la actualidad existe la línea de Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, los encajes diferenciados que premian el financiamiento a pymes y la Línea de Créditos para la Inversión Productiva hoy orientada ciento por ciento al financiamiento de las empresas más pequeñas del sistema a tasa fija.

Esto debe complementarse acentuando el rol de la banca pública como grupo estratégico en la ejecución del plan de desarrollo, apuntando no sólo a las fallas que presenta el mercado en materia de racionamiento del crédito, sino también cumplimentando un rol testigo, anticíclico, inclusivo y estratégico para el estado y el sistema financiero en su conjunto. En este sentido, la clientela natural de esta banca debe concentrarse en la pequeña y mediana empresa, el sector rural y en las actividades innovativas, que naturalmente registran costos de intermediación más altos y riesgos menos diversificados que las empresas grandes. Es necesario estandarizar productos en estos sectores para alocar allí recursos financieros a plazos más extensos y lograr cierto grado de especialización para este tipo de clientes. La banca pública debe, por lo tanto, apuntalar la profundización de los vínculos intra e intersectoriales para permitir el desarrollo de cadenas de valor dentro de la economía nacional y fortalecer el entramado productivo.

Finalmente, todo debe articularse con una banca de desarrollo que debería ser de carácter regional orientada a mejorar la competitividad, el desarrollo científico-tecnológico, la infraestructura, la generación y provisión de servicios, la complementariedad productiva intrarregional, la maximización del valor agregado a las materias primas producidas y explotadas en los países de la región y creación y expansión de cadenas productivas regionales. No obstante ello, esta banca también debería asistir sectores sociales como la salud, la educación, la seguridad social, las cuestiones ambientales y todo proyecto orientado a la lucha contra la pobreza y la exclusión social.

* Economista (FCE-UBA). Directora del Banco Ciudad de Buenos Aires y vicepresidenta de la Sociedad Internacional para el Desarrollo (SID-Baires).
Fuente: http://www.pagina12.com.ar/diario/economia/2-269275-2015-03-30.html

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